Ciento cincuenta años cumple Melsa. Empresa familiar grausina, con cinco generaciones a sus espaldas, y que ha hecho de la longaniza (la de Graus, claro), su santo y seña… Qué rica.
Y lo mismo debieron pensar seis de los más grandes cocineros de esta tierra a los que la firma convocó en el Náutico de Zaragoza, retándoles a preparar una receta con sus productos. Trabajo que, dentro de poco, se verá plasmado en un libro.
Vaya plantel de lujo el que se convocó. Pasen y vean. Uno no sabía si echar los ojos a la farineta de torteta de Carmelo Bosque, jefe del Lillas Pastia y La Granada; si apuntar a la bitoka de Antonio Arazo, del Arazo de Huesca… O quedarse con la dama de morcilla de Víctor Marta (chef del Náutico); los rollitos de Miguel Ángel Revuelto, del Gayarre; los dips de Melsa de Alfonso Giménez, del Marboré del Monasterio de Boltaña… O los ferrero de longaniza que presentó Agustín Lleida (del hotel Lleida), que para sí los hubiera querido el embajador. Pues no. Se quedaron allí, para la prensa, los invitados… Y para la familia Melsa. Allí estaban José Luis Romeo, gerente de la empresa, Conchita Egea –la más veterana–, y el resto del clan. Protagonistas de una historia de ilusiones, reconocimientos y amor por lo bueno. Ahora queda ver ese recetario conmemorativo. Sabor pirenaico para chuparse los dedos.
Fuente PeriodicodeAragon


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